El cuerpo humano es sin duda una de las más complejas creaciones de la naturaleza, ya que se compone de un gran número de elementos, cuyo estudio se realiza a través de muchas ramas distintas de la ciencia. Gracias a la comprensión que poseemos hoy en día sobre nuestro organismo, sabemos que hace falta tener en cuenta bastantes factores al momento de cuidarlo, ya sea de forma general o si queremos enfocarnos en una de sus partes.

Por ejemplo, la dermis, el órgano más grande y pesado, es también el más resistente, ya que su trabajo principal es proteger todo el tejido blando que se encuentra en el interior del cuerpo, incluyendo los músculos. Estos últimos, aunque son mucho más fuertes, tienen una tarea muy distinta, al permitir la movilidad y darnos la fuerza para realizar nuestras actividades, aún dependen de la protección que brinda el tejido superficial.
Sin embargo, hay otra razón por la que concentramos tanto esfuerzo en cuidar la piel, pues esta es la parte que mostramos a quienes nos rodean, por lo que su imagen y belleza se vuelven de gran importancia. Por eso existe una rama de la medicina, la cosmética, cuyo enfoque es aplicar cualquier método beneficioso para la salud de la dermis, que a su vez desencadene consecuencias positivas en su imagen, como tonicidad, suavidad, y uniformidad.
Lo que llama la atención de todo esto, es que para mantener esa belleza y esos valores físicos, es necesario suplir una gran cantidad de requisitos, que van desde nutrir, hidratar y lavar, hasta combatir problemas independientes. Por eso se debe conocer todo lo que requiere este órgano tan importante, del que depende no solo la percepción que tienen los demás sobre nosotros, sino la protección de todo nuestro cuerpo.
Dos productos combinados para limpiar el cutis. Te mostramos cómo realizar este método en este artículo sobre En qué consiste la doble limpieza facial

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Según el tipo de piel
Lo primero, que es esencial para poder escoger los productos, tratamientos, métodos y estrategias de cuidado apropiados, es saber que no todas las personas somos iguales, por lo que nuestro organismo tampoco. Eso significa que, aunque dos individuos se parezcan mucho en el exterior, es probable que su dermis tenga una estructura muy diferente, con características que reflejan las necesidades para prevenir los daños y las marcas de la edad.
Lo bueno es que no debemos pensar en esto de forma tan extrema, ya que gracias a los estudios que mencionamos antes, tenemos una idea clara de como se puede clasificar este órgano de acuerdo a ciertos factores. Esto facilita los cuidados, al ayudarnos a identificar lo que debemos evitar, resolver o que elementos utilizar para este fin, ya sea que se trate de cosméticos, terapias tópicas o métodos caseros de lo más sencillos y eficaces.
Dermis seca
La más común dentro de esta clasificación, es la característica que tiende a la resequedad, ya sea por falta de capacidad para absorber la humedad natural, o por el simple hecho de que, aún absorbida, no puede retenerla. Se puede pensar en este tipo como en una persona con un metabolismo acelerado, que come mucho pero no obtiene los nutrientes esenciales para la salud del cuerpo, aunque en este caso el problema es la hidratación.
Esto nos ayuda a reconocer dos cosas, primero el hecho de que el tejido superficial necesita absorber agua, así como nosotros debemos ingerirla; en segundo lugar, que a veces la humedad común no es suficiente. Para quienes tienen la piel seca, a diferencia del resto de las personas, el simple hecho de tomar un baño o utilizar una crema corporal, no aporta los valores que hacen falta para evitar la resequedad.
El verdadero problema no es este, sino las consecuencias de no prevenir los bajos niveles de humectación, que a largo plazo hacen que el tejido se vuelva vulnerable a los daños y las imperfecciones. Las más comunes en estos casos son la aspereza y tirantez de la piel, así como la distensión que causa flacidez, pliegues y arrugas, ya que por su característica seca, usualmente se reduce sus niveles de elasticidad natural.
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Tipo grasa
Este es, por decirlo de algún modo, la contraparte de la clasificación anterior, pues funciona de manera completamente opuesta, al absorber y retener una mayor cantidad de agua, que casi siempre es más de la necesaria. Esto crea un exceso de materia dentro de la hipodermis, que una de las capas internas de la dermis, cuya tarea principal es precisamente la retención del líquido, así como otros elementos.
Este exceso, al combinarse con las impurezas, la transpiración y los residuos naturales del tejido, como células muertas y nutrientes que no se alcanzan a absorber, produce algo conocido como secreción sebácea. A esta sustancia se le llama comúnmente sebo, ya que es muy parecida a la grasa natural del cuerpo, pues tiene una textura un tanto aceitosa, que causa una sensación oleosa al tacto y refleja la luz.
Cuando la cantidad de sebo es mucha, como en el caso de las dermis grasas, el tejido tiene ese brillo tan notorio que, por ser un poco exagerado, incluso antiestético, pero no es el problema real. Al obstruir los poros que liberan la transpiración, los inflama y causa los comedones, que pueden ser puntos negros, espinillas o acné; si no se elimina el exceso de sebo, atrae más impurezas que dañan y alteran la estructura tópica, ocasionando imperfecciones.
Piel mixta
Si parece que alguno de los tipos anteriores tiene muchos inconvenientes, solo queda imaginar lo complejo que debe ser un cutis que tenga un poco de cada uno, partes secas y otras que producen mucho más sebo. Esta es la característica principal de la dermis mixta, ya que algunas zonas absorber y retienen grandes niveles de humedad, mientras que otras no son capaces, por lo que tienen a resecarse.
Una pequeña ventaja de esta clase, es que ninguna de las zonas, sean grasas o secas, suele llegar a los niveles negativos de retención o resequedad, de forma tan excesiva como lo haría una piel que sea de un solo tipo. Sin embargo, el problema se da con los cuidados, ya que se debe reconocer capa parte y suplir las necesidades adecuadas que, como hemos visto, pueden ser completamente opuestas.
Por suerte, la cosmética de la que tantas maravillas se hablan, ha hecho un gran enfoque en este tipo específico, con el fin de facilitar nuestro trabajo y reducir el esfuerzo requerido para cuidar la dermis. Gracias a esto, sabemos no solo que, en el rostro, las áreas grasas se reflejan en la frente y la nariz, también llamada zona T, mientras que las secas en el resto; sino que es posible elaborar productos estéticos que cuiden del tejido mixto, aplicándolo sin importar el área o la humedad.
Normal o neutra
Por último, el comodín de la fortuna, que es a su vez uno de los tipos dérmicos más comunes, cuyos niveles de absorción de líquidos son cercanos a los adecuados, por lo que no tiene tantos problemas. El tipo normal, también llamado neutro, no produce tanto sebo ni se reseca con demasiada facilidad, aunque a veces tiende un poco más hacia cualquiera de los inconvenientes que ya hemos conocido, cuando no se cumplen los requisitos para el cuidado de la salud.
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Según los daños e imperfecciones más visibles
La forma más sencilla para detectar lo que falta en el cuidado tópico, es reconocer las marcas y problemas que aparecen en la superficie del tejido, que pueden ser afecciones de salud o inconvenientes estéticos. Ya sean pliegues, arrugas, pigmentación, estrías, celulitis, ojeras o cualquier otra molestia detectada, cada una tiene un significado dentro de la estructura del tejido, así como un tratamiento óptimo.
Además de esto, todas estas marcas aparecen por factores independientes y bastante específicos, como perdidas de valor en los nutrientes, falta de ciertas proteínas u otros elementos dentro del órgano exterior. Gracias a esto, es posible detectar las necesidades exactas que debemos suplir, del mismo modo que, con un poco de conocimiento o ayuda de algún especialista, podemos saber el tratamiento más adecuado.
Combatir las arrugas
No solo se trata de la imperfección más común, que usualmente se asocia con la imagen del rostro, aunque puede aparecer en muchas otras zonas, sino también una de las más notorias físicamente. Cuando un área es afectada por estás arrugas, suele presentar cambios bastante visibles, ya que la formación de estas abarca puntos como la frente, el contorno de ojos, el escote e incluso las manos.
Existen dos tipos, las primarias, que son las primeras en aparecer, pues se ocasionan por el movimiento y estiramiento natural de la piel, ya sea al hablar y hacer algunas expresiones, o al mover las articulaciones. Luego están las arrugas secundarias, que son las que realmente reflejan la falta de salud del tejido, ya que surjan por los pliegues y surcos no naturales, que aparecen cuando se ve reducida la elasticidad, la nutrición y la tonicidad, así como por la resequedad y el efecto de los rayos ultravioleta.
Reducir las manchas
La pigmentación tópica es bastante normal, ya que es causada cuando se degrada la melanina, un componente que sirve de filtro solar natural en nuestro organismo, al absorber los rayos UV para que no ingresen. El problema se ve a largo plazo, ya que la falta de nutrientes y humectación puede hacer que esta molécula no se renueve, lo que ocasiona que los pigmentos se vuelvan más profundos, convirtiéndose en manchas.
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Uno de los mejores agentes para eliminar estás es la vitamina C, que se puede obtener en muchos sérum y cremas, si queremos aplicarlo de forma tópica, o ingerir en una gran variedad de frutas y alimentos. También es necesario proteger la melanina en todo momento, no solo cuando es más vulnerable, por lo que se debe ayudar en su labor con un protector solar, para que esta molécula no tenga todo el trabajo de filtrar los rayos del sol.
Eliminar la flacidez
Algo muy importante, que muchas personas no conoces o no entienden su significado, es la tonificación, que se puede aplicar para cualquier tejido, como la dermis o los músculos al ejercitarlos. Tonificar se puede relacionar con mantener el estado óptimo de estos tejidos, lo que ayuda a qué su estructura se refuerce, al aportar una mayor cantidad de resistencia y elasticidad.
Cuando estos factores faltan, los músculos se vuelven flácidos y más blandos, por lo que la fortaleza física se ve reducida; en el caso de la piel, está se vuelve vulnerable a él estiramiento, sin recuperar su forma. Esto se conoce como flacidez, el hecho de que distintos puntos de este órgano se estiren y se vean más frágiles, lo que puede desencadenar marcas como estrías, si ocurre en áreas extensas como los muslos, la espalda, abdomen o glúteos.
Remover los comedones
No solo los adolescentes pueden padecer del molesto acné, tan antiestético como doloroso, en casos avanzados en los que no se controla, ya que la inflamación de los poros, puede conllevar una sensación de ardor. Del mismo modo, no solo las personas jóvenes se despiertan y notan alguna espinilla, un grano o un par de puntos negros, que pueden ser varios, si el sebo y las impurezas se acumulan en exceso.
Es por esto que se vuelve tan importante la limpieza, especialmente en el rostro, aunque los comedones pueden aparecer por todo el cuerpo, sin que lleguemos a notarlos en algunas ocasiones. Para reducir la secreción sebáceas, también se puede optar por una dieta baja en grasas saturadas, ya que parte de los residuos de estas son liberadas por la transpiración, lo que aumenta el sebo y las obstrucciones de los poros.
Controlar la sensibilidad
Algo que simplemente no es posible evitar, es la sensibilidad de la dermis asociada con factores genéticos, por lo que muchas personas sufren de este inconveniente, que les impide algunos cuidados comunes. Por ejemplo, en estos casos, la exfoliación puede resultar un poco dolorosa y causar irritación crónica, por lo que se debe reducir esta actividad o, si es excesivo el problema, omitirla por completo.
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La buena noticia es que existen muchos productos cosméticos que, si bien no reducen las características que hacen una dermis sensible, ayudan a controlar las consecuencias del aumento de la sensación. Jabones con pH neutro, muy delicados y suaves; cremas con baja concentración de elementos abrasivos, cuyos componentes son ligeros para que sean absorbidos fácilmente, así como tónicos para relajar el tejido, son solo algunos de los aliados de la dermis sensible.

Requisitos del cuidado general
Resumiendo un poco los apartados anteriores, sabemos que, si contemplamos nuestra piel como seca, normal, mixta o grasa, notando la aparición de ciertas marcas, como arrugas, debemos suplir requisitos específicos. Sin embargo, antes de que estas imperfecciones aparezcan, también podemos tomarnos el esfuerzo de cuidar el tejido, de manera un poco más ambigua, pero con resultados excelentes.
Esto nos ayudará a prevenir que estás molestas marcas, que arruinan y alteran la imagen estética y natural, surjan de manera temprana, o que se vuelvan demasiado profundas como para solucionarlas sin terapias. De esta idea es de dónde salen las llamadas rutinas de cuidado, que suelen enfocarse en el cutis, pero se pueden desarrollar para mantener la salud del órgano superficial en todo el cuerpo.
Lo primero que debemos hacer para prolongar la salud tópica, es sustentar la higiene y limpieza de la piel, que podemos llevar a cabo con la sencilla actividad de tomar un baño al día, lavando muy bien y a consciencia. Si se quiere potenciar esto, para evitar la acumulación de impurezas en los poros y eliminar el exceso de sebo, en el caso del tipo graso, es utilizar un limpiador cosmético facial, ya que el rostro es la zona más vulnerable a estos elementos.
El siguiente paso es una doble acción, ya que se requiere de hidratar (algo en lo que se ha hecho hincapié a lo largo de este artículo) de acuerdo a los niveles naturales de humedad, así como nutrir la dermis. En caso de que sea tipo grasa, con el baño diario y la ingesta de agua, suele ser suficiente para mantener los niveles de humectación apropiados, pero para la dermis seca, hace falta utilizar una crema humectante facial y otra corporal.
Para prevenir las alteraciones estructurales, como la flacidez y los pliegues que desencadenan las arrugas, así como la pigmentación que se convierte luego en manchas, una crema antiedad es el aliado perfecto. Si se da el casi de que, por problemas tópicos como la reducción de la elastina o los emolientes que ayudan a retener el líquido, se puede recurrir a productos como cremas con colágeno y ácido hialurónico.
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Por último, el mayor enemigo de la salud tópica, en lo que se refiere a factores externos o ambientales, es el sol, cuyos rayos ultravioleta son capaces de afectar la melanina e incluso causar cáncer. Es por esto que se recomienda el uso de protector solar, no solo para ir a la playa o durante una salida a un lugar muy caluroso, sino siempre que estemos en el exterior, aún si solo vamos de compras o a trabajar.