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Limpieza Facial

La forma correcta de lavarse la cara

Es un error común pensar que la piel, que cubre prácticamente la totalidad de nuestro cuerpo, incluyendo los ojos y la boca, aunque deja un espacio abierto para su funcionamiento, es igual en todas partes. Lo que nos lleva a no tomar en cuenta que, en ocasiones, lo que hacemos para mantener la higiene general, puede no ser la forma correcta de lavar o limpiar ciertas zonas que son más sensibles y delicadas.

La forma correcta de lavarse la cara

Así como existen los llamados jabones íntimos, para esas partes femeninas en las que se debe tener especial cuidado, también los hay especiales para el rostro, una variación del que se aplica cuando estamos en la ducha. Esto mismo puede servir como ejemplo para el jabón de manos, que suele contener una mayor cantidad de elementos antibacteriales, ya que con ellas entramos en contacto con la mayoría de las superficies que tocamos.

Por suerte, las manos están cubiertas por un tejido fuerte y muy resistente, así como la mayor parte del cuerpo, por lo que la técnica correcta de higiene, se basa en no dejar ni un solo milímetro sin lavar. En el caso de la cara, que tampoco tiene una forma uniforme, debido a puntos abultados como la nariz y los pómulos, o muy delicados como el contorno de ojos, la idea es parecida, pero el método se basa no convertir esta rutina en un error.

Como veremos a continuación, hay una forma correcta de realizar la actividad de lavar el rostro, lo que se considera una parte fundamental de la higiene personal. No podemos dejar que esta zona, que es la responsable de la primera impresión que damos al resto del mundo se vea sucia, pero tampoco que se deteriore la piel por limpiarla de manera incorrecta. Por ello, conocer tanto los errores a evitar como la manera apropiada, se vuelve realmente necesario.

¿Es necesario lavar el cutis en más de una ocasión? Si buscas respuesta a esta interrogante, continúa leyendo Cuál es la verdadera importancia de lavar tu cara dos veces al día

La importancia de no omitir esta actividad

La importancia de no omitir esta actividad

Si nuestro estilo de vida es el común, que cualquiera consideraría regular y adaptado, el rostro es una de las únicas partes del cuerpo que casi nunca están cubiertos, pues la ropa suele proteger al resto de la piel. Alguna excepción sería, por ejemplo, las manos y los brazos, si se utiliza camisa, franela o blusa de manga corta, así como el cuello, que en circunstancias cosméticas, suele asearse del mismo modo que el cutis.

Esto hace que no seas áreas sean las más vulnerables a la formación y propagación de bacterias, virus y otros microorganismos, que se encuentran a toda hora en el ambiente, imperceptibles pero a nuestro alrededor. Junto a ellos, se encuentran las llamadas impurezas ambientales, una categoría en la que se puede contar el polvo, el polen (en zonas con mucha vegetación), las partículas de humo de los automóviles y muchos contaminantes del aire.

Con el paso de las horas, aún si nos quedamos en casa todo el día, estos minúsculos elementos se van adhiriendo al tejido superficial descubierto, aunque muchos llegan al resto de la dermis a través de la ropa. Sin embargo, cuando tomamos un baño, es usual el aplicar jabón y frotar con esmero, algo que si bien puede hacerse también en el cutis, puede ser una fuente de problemas e imperfecciones a largo plazo.

Por un lado, tenemos la suciedad, estás impurezas y el resto de los contaminantes, que no solo pueden ejercer presión al quedarse atrapados y obstruir los poros, sino que dañan las células al ser absorbidos. Esto causa imperfecciones como los comedones, esas molestas espinillas y granos, así como el acné, las arrugas, las manchas y la flacidez, por la perdida de la resistencia, tonicidad y elasticidad del tejido.

Por el otro lado, están las alteraciones que podemos ocasionar por una mala práctica del lavado facial, ya que al aplicar mucha fuerza o realizar movimientos forzados, creamos distensiones y pliegues en la piel. Esto se suma al hecho de que, los ingredientes del jabón común, así como los minerales del agua del grifo, pueden ser dañinos para algunas personas, especialmente si tienen una dermis muy sensible.

Aunque no lo parece el cutis es la zona de este gran órgano más delicada, por qué el grosor es inferior al de la piel del resto del cuerpo, además de que los poros son más abiertos para permitir la secreción sebáceas. Esta es la razón por la que la misma técnica que utilizamos para bañarnos, así como los productos cosméticos y de higiene personal, deben ser diferentes en cuanto a los términos facial y corporal.

Por supuesto, no podemos olvidarnos de las bacterias y los microorganismos que, fuera de las razones estéticas, de higiene e imagen, son el motivo principal por el que debemos lavar la dermis con agua y jabón. La suma de todos estos factores, hace que sea necesario no solo recordar lavar de manera continua, sino utilizando el método y la técnica adecuados, para maximizar los resultados positivos.

Un rostro sano y completamente limpio con ingredientes naturales. Aprende a lograr esta hazaña en este artículo titulado Recetas caseras de limpiador facial

Consejos para un lavado sin inconvenientes

Consejos para un lavado sin inconvenientes

Aunque luego se hablará de los pasos adecuados para llevar a cabo esta parte de la rutina, hay algunos pequeños trucos que podemos poner en práctica para optimizar todo el proceso, cuidando y protegiendo la piel. Aunque los llamamos consejos, bien se pueden describir como recomendaciones, ya que prácticamente es obligatorio el seguirlos, si lo que se busca es una experiencia perfecta y un resultado ideal a largo plazo.

Desmaquillar antes

La razón por la que los especialistas se enfocaron en desarrollar el desmaquillante, así como el motivo por el que el público gasta dinero en este producto, es porque es el más óptimo para hacer su trabajo. El jabón, por Muy bueno que sea para eliminar bacterias, no lo es tanto con las impurezas, como se mencionó en el apartado anterior, además que el maquillaje se considera dentro de esta categoría.

Al dejarlo sobre el rostro de manera prolongada, este se mezcla con el sudor y se forma una textura parecida al sebo natural que liberan los poros, que se ve atrapado en los mismos y tiende a obstruirlos. Lavar no es lo más eficiente para retirar está sustancia del cutis, por lo que es necesario desmaquillar antes, para que así la limpieza sea completa y llegue directamente al tejido, sin ser obstaculizada por el maquillaje.

No le tengas miedo a los errores cosméticos, aprende de ellos. Pero si corren cuando te lavas el rostro, es porque no has leído sobre los 15 principales errores que cometes al lavar tu cara

Lavarse las manos previamente

Ya se conoce que las manos son la principal fuente de bacterias del cuerpo humano, ya que con ellas tocamos, acariciamos, tomamos y sostenemos casi cualquier cosa en el transcurso de un día normal. Por esto, algunos de los microorganismos más resistentes, no son bien combatidos por las sustancias de limpieza facial, razón por la que existen los jabones antibacteriales optimizados para estos miembros.

Si no limpiamos antes, eliminando los pequeños organismos infecciosos, gran parte de estos pasarán al rostro por el contacto, resistiendo la sustancia de higiene facial y propiciando las afecciones tópicas. Es la misma razón por la que los dermatólogos recomiendan no tocar nuestro rostro demasiadas veces en el día, ya que es una medida para evitar la propagación de virus y enfermedades.

Prestar atención al aclarado

El apuro es el enemigo de la persona atenta, que realiza sus actividades con cuidado, teniendo en cuenta la atención que se debe prestar en cada uno de los detalles, como no dejar restos de jabón en sobre la piel. El detergente y cualquier otro elemento de esta clase, funciona por medio de tensioactivos y partículas que desprenden, absorben y retienen la suciedad, para que está sea removida fácilmente con el agua.

El problema está en dejar pasar un poco, olvidando enjuagar de manera apropiada, pues al secarse, estos mismos residuos quedarán libres para volver a adherirse a la piel y obstruir los poros y folículos. El propio jabón, por su composición, deja restos que luego se quedan pegados a la superficie, obstaculizando la transpiración; esto lo podemos comprobar con las manchas de espuma seca que quedan en la ducha cuando no la limpiamos.

Olvidarse de la toalla de baño

Este artículo tan necesario en el día a día, pues permite secar rápidamente la dermis antes de vestirnos, para proseguir con el día a día, es un enemigo común de la estructura y salud de nuestro cutis. La abrasión que causa frotar con este tipo de tela, puede desencadenar alteraciones tópicas, del mismo modo que la distensión ocasionada por pasar la toalla con fuerza, por la delicadeza del tejido facial.

De igual forma, tal como en el caso de las manos, algunas bacterias se quedan en la toalla de baño, por lo que al utilizarla, pasan a la cara de forma imperceptible. Lo mejor es dejar que el rostro se seque de manera natural, ya que esto ayudará también a qué absorba agua y se hidrate de manera natural. Si esto no es posible, es necesario adquirir un pañito más suave, que debemos mantener limpio y usar solo en esta área.

¿Dos cosméticos juntos para lavar el rostro mejor? Te enseñamos esta estrategia tan popular en un artículo sobre En qué consiste la doble limpieza facial

No más de dos veces al día

Esto último vale para todo el cuerpo, ya que hay personas que suelen lavarse o bañarse varias veces al día, sin saber que el exceso de líquido en la piel, puede ser contraproducente para su imagen y salud. Lo que ocurre es que al absorber el agua y retenerla en la hipodermis, está se sobre acumula, lo que causa una excesiva secreción sebáceas y la alteración del pH, así como el hecho de que las células del tejido no puedan absorber los nutrientes de forma regular.

La manera apropiada de lavar el rostro

La manera apropiada de lavar el rostro

Una vez reconocida la vitalidad de la labor de limpieza facial, así como esos errores que podemos estar cometiendo, ya sea antes, durante o después de esta actividad, hay que pasar a la forma correcta de realizarla. No es que cualquier otro método sea inadecuado, pero de siguiendo los pasos más convenientes, se puede optimizar tanto los resultados de la higiene como prevenir futuros inconvenientes, alteraciones o imperfecciones.

En primer lugar, durante la mañana, si hemos pasado la noche en casa, la dermis puede que tenga algo de sebo acumulado, pero no tendrá impurezas, suciedad ni materias que se puedan considerar contaminantes. Por esta razón, el lavado es más sencillo y suave, ya que lo que se busca es retirar tan solo está secreción sebáceas, así como refrescarnos para iniciar el día con más ánimo.

En las horas de la noche, el asunto es completamente diferente, ya que hemos pasado el día en actividad, atrapando estos elementos externos en el tejido superficial, junto a la transpiración y la grasa natural. Este es el momento de realizar la limpieza más profunda, sin importar el tipo de dermis, ya que, por ejemplo, las secas no requieren del lavado matutino, siempre que la rutina nocturna se realice eficazmente.

Si bien hay muchas formas de limpiar el cutis, algunas se consideran más naturales. Para conocer cuáles son, te recomendamos leer 5 maneras de limpiarte la cara de forma natural

Antes de comenzar el proceso

El primer paso es seguir los primeros consejos del apartado anterior, recurriendo al desmaquillante y el detergente de manos para remover el maquillaje de la cara y las bacterias de los miembros. Luego utilizar el agua adecuada, ya que en ocasiones, la que sale directamente de la llave o el grifo no es la más saludable, por su contenido en minerales y otros elementos, que afectan especialmente a las dermis sensibles.

Sin embargo, quien está seguro de habitar en una zona donde esta agua es tratada con eficiencia, por parte de los trabajadores correspondientes de sanidad y demás, no debe haber ningún problema en utilizarla. Lo que si se debe tener en cuenta es la temperatura, ya que demasiado fría, tensa el tejido y cierra los poros, lo que hace que la acción detergente no llegue a la profundidad necesaria.

Por otro lado, si está caliente, a corto plazo no pasa nada, incluso es buena para relajar y ayudar a tonificar, pero de este modo estamos creando una estructura tópica más débil, vulnerable a futuros problemas de flacidez. La temperatura del agua debe ser templada de manera regular, aunque se puede utilizar tibia de vez en cuando, sobre todo durante la rutina diurna, en la que no requerimos tanto esfuerzo ni atención.

Durante la actividad de lavar el rostro

Debemos tomar un poco de esta agua, formando un cuenco con las manos, para rociar con suavidad el cutis, empapando el mismo un par de veces para que se humedezca por completo y en abundancia. Si hace falta o si se prefiere, se puede realizar lo mismo con el cuello, ya que como se dijo al comienzo de este artículo, es buena idea tratarlo de la misma forma, por su exposición a los agentes externos.

Luego tomamos la barra de jabón o el detergente líquido, de preferencia facial o uno que sea de bajo nivel de pH, sin contenidos químicos ni abrasivos, que podemos adquirir en establecimientos de cosmética. No vamos a aplicarlo directamente, sino que lo frotaremos en las manos durante algunos segundos, con suficiente presión, para que el movimiento comience a generar espuma, lo que activa la acción detergente.

Esta espuma resultante es la que entrará en contacto con el cutis, que llevaremos a la piel utilizando de nuevo las manos, que ya están completamente cubiertas y previamente lavadas con su propio jabón antibacterial. El tacto debe ser delicado y suave, realizando movimientos circulares con la superficie de los dedos, utilizando las palmas solo para enjabonar las mejillas, el mentón, la frente y el cuello.

Para los lugares menos uniformes, como el contorno de ojos y la comisura de la nariz, se debe utilizar solo la punta de los dedos, lo que evitará los movimientos que creen distensión. Una vez terminado esto, se debe proceder con el aclarado, rociando o dejando caer agua de nuevo sin frotar, sino permitiendo que el líquido se lleve todos los residuos. Si notamos puntos donde no se ha aclarado por completo, utilizaremos los dedos mojados para frotar suavemente.

Es importante recalcar, aunque ya se añadió en el apartado de los consejos, fijarse bien si hay restos de espuma o jabón, ya sea mediante el tacto o visualizando el rostro en un espejo, en el baño o tocador. Luego, sobre la toalla, cuyo uso se puede omitir para dejar secar lentamente y de forma natural, hidratando las capas internas de la dermis gracias a la absorción continua del preciado líquido.

Para proteger la salud de este gran órgano, debemos conocer los requisitos para cuidarlo. Si te interesa esto, te recomendamos leer Cuidado de la piel: necesidades básicas

Métodos para potenciar la higiene facial

Si se busca que el lavado sea más un ritual de limpieza completo, se puede recurrir a dos estrategias para aplicar, antes o después de este procedimiento, se trata del uso de limpiador cosmético y la exfoliación. El primero es un producto de la gama de la medicina cosmética, diseñado específicamente para eliminar todo rastro de impurezas y agentes externos del rostro, mientras que el segundo actúa directamente en el interior de los poros.

Un exfoliante es una sustancia que contiene partículas muy pequeñas, transportadas por un medio que puede ser líquido, oleoso, una espuma o un gel, que se frota en el cutis para eliminar obstrucciones de los poros. Como indica su descripción, se trata de un proceso de abrasión suave y controlada, por lo que no se puede utilizar más de una vez por semana, para evitar molestias, irritación o consecuencias más severas.